Como te ves, yo me vi. Historias ultramarinas de austeridad, equidad y crecimiento

Publicado el 23 de octubre en mi columna Jaleo Global del blog de la Universidad Loyola Andalucía.

Sentencias para la vida austera. Foto: Patronato provincial de turismo de Córdoba (España).

Así dicen unos tétricos versos funerarios en Las Ermitas, un rincón de Córdoba, una de las ciudades que dan sede a la Universidad. Se trata de un conjunto de ermitas que alojaban a los eremitas que se retiraban a ellas para vivir en austeridad y meditación, en un lugar cercano a la ciudad y conocido como Cerro de la Cárcel.

Para los que vivimos en América Latina los años del ajuste estructural (un sinónimo de nuestra austeridad), los debates de hoy remiten a esa sentencia. Salvando el contexto de mayor abundancia en el que vivimos en Europa, la secuencia de hechos y efectos de la América Latina en los noventa, se parece mucho a la que vivimos ahora.

Así lo contaba Álex Ruiz de la Caixa, en el número 25 de febrero de 2012 en  la colección de Documentos  de economía de su servicio de estudios. Un documento titulado “Enseñanzas latinoamericanas para una crisis europea” que explora las analogías que se pueden establecer entre nuestra crisis y la crisis de la deuda latinoamericana de hace tres décadas. Ruiz saca de esa comparación dos conclusiones. La primera es que la solución pasa por un ajuste fuerte que no hunda el crecimiento pero que venga acompañado de una alta dosis de paciencia. La segunda es que cada crisis acostumbra a dejar una herencia en forma de doctrina, práctica política y construcción institucional. La crisis de hace tres décadas en Latinoamérica dejó en herencia una política económica basada en la cultura de la estabilidad macroeconómica que Ruiz espera también para Europa en términos de control del déficit público y moderación de las prestaciones del estado del Bienestar.

Pero esa memoria selectiva de la experiencia latinoamericana olvida que el origen de la crisis fue también una familiar combinación de un sistema financiero codicioso y expansivo, con organismos políticos y reguladores poco responsables y nada atentos al interés general en épocas de expansión crediticia y beneficios. También en América Latina, los efectos de la crisis se centraron más en la ciudadanía y los gobiernos que en el sistema financiero.

Como me ves, te verás

Un análisis comparativo es el que hace también el reciente informe “la trampa de la austeridad”  de Intermón/Oxfam.  Su informe centra la atención en los efectos en toda Europa -hay un informe específico para 12 países- de los programas de austeridad en el desmantelamiento del Estado del bienestar y sus mecanismos redistributivos. Vaticina nuestra particular década perdida al comparar estos programas de austeridad con las políticas de ajuste estructural en América Latina, el Este Asiático y África subsahariana en las décadas los ochenta y los noventa que “pretendían curar la enfermedad matando al paciente”.

Todo para en esto aquí/ Piénsalo y no pecarás

El objetivo del informe de Oxfam es cuestionar la validez de la austeridad como receta casi única para enfrentar la crisis. ¿No nos ayuda la experiencia de varias regiones del mundo a combinar medias de austeridad con reactivación? ¿No podemos definir instrumentos que moderen el sufrimiento de los sectores más afectados? ¿Debemos laminar el estado del bienestar tal y como lo conocemos o basta ajustarlo?

Para los que no concedan legitimidad a Intermón/Oxfam en estos debates, cabe leer al reciente premio Nobel Robert Schiller , profesor en la Universidad de Yale, al que se premia por sus trabajos sobre la dificultad de predecir el valor a corto plazo de los activos financieros y asignar a sus precios criterios racionales sobre los que extraer conclusiones, es decir, sobre la imperfección de los mercados. En un artículo de marzo de 2013 titulado “Austeridad y desmoralización” decía:

Es por esta razón que la austeridad súbita no puede construir la moral. Para construir la moral, necesitamos un compacto social que encuentre un propósito para todas las personas, una manera en la que las personas se perciban a si mismas como parte de la sociedad porque son personas que desempeñan algún tipo de trabajo.

Y para eso necesitamos el estímulo fiscal – idealmente, un estímulo que congenie con la deuda es decir que aumente los impuestos y los gastos por igual. El aumento de la carga fiscal para todos los que están empleados es una forma análoga a reducir sus horas de trabajo mediante el trabajo compartido.

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