Elogio del Maestro, good bye ETEA

Tributo a 3 maestros: José Juan Romero, Jaime Loring y Xabier Gorostiaga. La foto de Jaime es de Madero Cubero, de Cordópolis.

Tributo a 3 maestros: José Juan Romero, Jaime Loring y Xabier Gorostiaga. La foto de Jaime es de Madero Cubero, de Cordópolis.

Hemos cerrado este año en Córdoba (España) la singular trayectoria de ETEA tras cincuenta años redondos de existencia, de cuyos últimos veinticinco he formado parte, con algunos períodos de excedencia en Centroamérica. Celebramos al mismo tiempo su transformación en la Universidad Loyola Andalucía.

ETEA ha sido desde su inicio una institución atípica, de difícil clasificación. Buenos ejemplos de su afán por bordear fronteras poco exploradas han sido la temprana combinación en España de la formación agrícola y la gestión empresarial; el foco en lo global de una entidad ubicada en un rincón poco desarrollado del sur de Europa; su pionera condición de centro privado adscrito a una universidad pública para ofrecer un servicio público de gestión privada; o la señalada dedicación a la cooperación internacional de una facultad de ciencias empresariales.

Estamos de celebraciones y quiero unirme a la fiesta poniendo de manifiesto uno de los elementos que han hecho de ETEA un proyecto original, rico y con un punto extravagante. Y es la acumulación de personalidades relevantes con vocación de maestros y formadores, de gente que hace escuela.

La vida es un camino lleno de influencias, aprendizajes, sustos y sorpresas. Más allá de las figuras familiares que te acompañan toda la vida, he sido afortunado con los maestros que mi carrera profesional en ETEA me ha puesto por delante. Estas líneas son al mismo tiempo tributo a los mejores valores de ETEA y agradecimiento a esos maestros.

En mi formación y en la definición de mis intereses personales y profesionales ha sido determinante la figura de José Juan Romero cuyas clases sobre economía aplicada, de España y del mundo, han abierto los ojos de miles de estudiantes a los problemas globales. Muchos de sus antiguos alumnos en España y en América Latina compartirán conmigo esa sensación de salir de alguna de sus clases o conferencias con la percepción del mundo como algo distinto a lo que era antes de entrar. Sus discípulos hemos desarrollado múltiples actividades en la docencia y en la práctica sobre desarrollo y cooperación en ETEA y yo he tenido la fortuna de empaparme de su magisterio y de disfrutar de su guía en mi trabajo de investigación, adoptando en la medida de mis posibilidades su interés por hacer presente en el entorno universitario los debates del desarrollo de forma rigurosa, plena y coherente, con toda su complejidad, pero sin perder de vista los más globales, importantes y urgentes que son los que afectan con mayor intensidad a los países y a las gentes más desfavorecidas.

Otro maestro decisivo en mi trayectoria ha sido Jaime Loring que me condujo a Nicaragua cuando yo buscaba destinos de trabajo en capitales exóticas del mundo rico para iniciar mi carrera. Poniendo en marcha las actividades de cooperación al desarrollo en ETEA, aprendí de Jaime Loring a creer sin complejos en las infinitas posibilidades de crear desde nuestra pequeña plataforma proyectos ambiciosos, de transformación global, a partir de compromisos firmes, de fundamentos sólidos y de trabajo gradual y constante. Trabajando a su lado aprendí también que el conocimiento no es neutro y que la universidad debe estar al servicio de la sociedad.

Y en Centroamérica encontré en Xabier Gorostiaga a otro maestro cuya ayuda fue definitiva para enfocar a la solución de los problemas más graves de la región mi trabajo en torno a la integración centroamericana. Me enseñó también que para cumplir la misión de la Universidad es necesario estar atento a lo que se dice y hace en Boston y en Managua o El Salvador, en Londres y en Córdoba, en Shangai y en Camboya. Él lo hizo intensamente durante gran parte de su vida. Recuerdo con afecto sus últimos consejos sobre esto paseando en el huerto de la residencia de Loyola donde pasaba sus últimos días.

En algunos países, Alemania por ejemplo, la universidad y el desarrollo de las disciplinas universitarias se explican a partir de las aportaciones de los reconocidos como maestros y de la labor de sus discípulos. Es un enfoque tradicional, insuficiente para estos tiempos, pero que ofrece pistas valiosas sobre el corazón y los ejes profundos del conocimiento en cada institución universitaria. Y en la historia de ETEA que celebramos ahora, las escuelas impulsadas por nuestros maestros han sido especialmente importantes.

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