¿Qué significa la beatificación de Monseñor Romero para Centroamérica?

Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Fotografía del archivo del Museo de la Palabra y la Imagen , de El Salvador. Tomado del blog 1001 trópicos, de Mildred Largaespada - https://milyuntropicos.wordpress.com/2011/04/08/el-cofre-de-romero/

Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Fotografía del archivo del Museo de la Palabra y la Imagen de El Salvador. Tomado del blog 1001 trópicos, de Mildred Largaespada – https://milyuntropicos.wordpress.com/2011/04/08/el-cofre-de-romero/

Unas notas más para abordar este asunto. Empezando por el final. El reconocimiento de la Iglesia a a Romero es otro signo del final de época que vive Centroamérica. El valiente e inesperado compromiso con los pobres y contra la violencia de Romero había desbordado hacia ya mucho tiempo los canales oficiales  del reconocimiento.  Romero era ya para mucha gente un Santo, hecho ejemplo y canción. 

Este gesto de la Iglesia tiene la virtud de llamar a la superación de viejos debates y de animar a los centroamericanos a buscar respuesta a esta nueva época armados de renovada confianza y compromiso con los excluidos y las víctimas de la violencia de hoy. Ha habido reacciones de todo tipo al anuncio del martirio por la fé de Monseñor Romero que permitirá su próxima beatificación.  Y este cuaderno tan enraizado en Centroamérica no estaría completo sin recoger algunas de ellas.

El propio Rubén Blades, el cantante más universal de la región, lo había convertido en canción al componer “El Padre Antonio y el Monaguillo Andrés”, ese gran tema basado en su figura e inspirado en otras historias de compromisos religiosos y personales con los más desfavorecidos que fueron truncadas por la violencia. Y le recordaba al conocer la noticia en un expresivo texto en su página web.

Su beatificación tiene un profundo sentido religioso y un poderoso significado como contaba José María Tojeira en su columna “Monseñor Romero, un martir de hoy y para hoy” en El Faro (que retomaba un ensayo en la revista Razón y Fe). O como explicaba José Juan Romero en su columna “Monseñor Romero, profeta… y martir” de Loyola&News en la Universidad Loyola Andalucía.

En el contexto salvadoreño de su vida, no falta quien recuerda la coincidencia con la apertura del proceso de beatificación del padre Rutilio Grande, cuyo asesinato inspiró su compromiso con los pobres, o su influencia en los jesuitas de la UCA también asesinados unos años después, que señalaba Juan Antonio Senent.

Miguel Huezo, desde su blog en El Faro, sugería con escepticismo que Romero podría ser nexo de unión en El Salvador:

el anuncio del Vaticano le ha dado a El Salvador un instante de regocijo. Óscar Romero es la única figura capaz de unir a la sociedad salvadoreña, pero probablemente esto no ocurrirá. Su pasión seguirá probando que el mundo es injusto, y, mientras haya memoria, le otorgará un desconocido valor al desapego por la vida“.

 Y Mildred Largaespada planteaba en su 1001 trópicos nuevos significados de la noticia extendiendo la beatificación a todos aquellos a los más pobres de El salvador que es a los que Romero protegió y a los que su próxima santidad ofrece dignidad.

“El caso de Monseñor Romero, cuya memoria colectiva ha sido guardada mimosamente por su gente, se convirtió en memoria social de toda una región. La gente más humilde de Centroamérica, la empobrecida porque le han negado las oportunidades a las que tienen derecho, la martirizada diariamente, ahora está envuelta en un halo de santidad”.

La beatificación, dice Mildred, defiende también la necesidad que tenemos de la gente que en algunos países de Centroamérica (y del mundo) hace hoy como Romero entonces y eleva la voz para  para defender a los excluidos y a los que siguen sufriendo explotación persecución, censura, boicot,…

Hay también, claro, visiones contrarias a Romero que percibieron su conversión como traición o debilidad o como toma de partido. Son visiones ancladas en otro tiempo que no sobrevivirán a la historia. Miren lo que dice, completando este catálogo limitado de perspectivas y sensaciones,  Joaquín Villalobos en su columna “Castigo Divino”, proyectando en el futuro la figura de Óscar Romero tras su reciente beatificación:

La conversión de Monseñor Romero en un Santo de la Iglesia Católica tiene consecuencias excepcionales para nuestro país: consolidará la figura del Arzobispo como el único salvadoreño presente en la Historia Universal, se convertirá en el principal componente de nuestra identidad nacional, entrará con gran fuerza al imaginario religioso de nuestros pobres, será el patrono que unirá a nuestra comunidad de emigrantes en los Estados Unidos, sus homilías se volverán textos en escuelas y universidades y será venerado por millones de personas más allá de nuestras fronteras que ya lo reconocen como San Romero de América. Se producirá una inevitable relación de Monseñor con la democratización de Latinoamérica por ser el Santo que enfrentó a una de las dictaduras más brutales. Por primera vez en nuestra historia los salvadoreños seremos reconocidos universalmente por la figura de un personaje, honorable, valiente, heroico y de una enorme calidad humana”-

 

romero 2

Ilustración: Hitos de la vida de Óscar Romero. Línea de tiempo diseñada por Frida Larios. Caligrafía de Carla Paola Torres. Tomado de El amigo Imaginario de Miguel Huezo – http://losblogs.elfaro.net/elamigoimaginario/2015/02/romero-ahora-es-oficialmente-un-m%C3%A1rtir.html

 

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4 Comments on “¿Qué significa la beatificación de Monseñor Romero para Centroamérica?”

  1. El Vaticano con la betificación de Monseñor Romero pretende fortalecer la presencia de la inglesia católica en Centroamérica. Y creo que papa Francisco lo está logrando. Independientemente del color político que manda en El Salvador, tendrá la iglesia fuerte presencia.

    • Seguro que sí. Forma parte también del reconocimiento de errores, En el rechazo al ejemplo de Romero desde el Vaticano hubo una posición ideológica propia de aquelos tiempos pero errónea.

  2. Luis Fernández Portillo says:

    Un futuro posible e indeseable es que el Sistema (sí, con mayúscula) fagocite e incorpore la figura de Monseñor Romero como un icono más (al estilo del Che Guevara, ¿cuántos de nuestros jóvenes que llevan su imagen en la camiseta saben realmente quién fue?), descafeinado de su mensaje social. La Iglesia en Latinoamérica tiene la responsabilidad de evitar que esto suceda. No bastará con hacerlo santo, habrá que preservar el verdadero significado de su memoria.

    • Tienes razón Luis, es una posibilidad. Aunque treinta años después su historia es ampliamente entendida por el reconocimiento popular, esa figura de San Romero de América. Y en El Salvador su historia es contada con profundidad según lo que yo he visto.


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