El Euro en el Tártaro griego

El Paso de la laguna Estigia, de Patinir (1519-1524), un cuadro que ofrece una visión mediaval del Tártaro de la mitología griega.

 En la mitología griega, el Tártaro es un lugar, un abismo profundo, tanto como el Hades, usado como mazmorra. Ahí penan sus culpas Sísifo y su roca, Ixión que gira permanente en una rueda en llamas o Tántalo que paga su indiscreción sumergido en agua que desaparece cuando la sed aprieta o bajo uvas inalcanzables que agitan el hambre. El Tártaro es un lugar para pecadores y no el Hades donde moran los muertos.

Al Tártaro nos han conducido las reuniones del Eurogrupo de este último fin de semana de junio. No estamos muertos pero cruzamos la Laguna Estigia hacia una condena eterna y ejemplar por nuestros errores. Es difícil decir algo novedoso en medio del desconcierto provocado por el revés de no haber sido capaces de cumplir las expectativas de acuerdo con que entramos el viernes. Pensando que, como en otras grandes crisis de la UE, habría acuerdo final. Se pararían los relojes, nuestros mandatarios no dormirían o surgiría una solución aritméticamente mágica que contentara a todos. Ya hemos vivido eso antes con las negociaciones presupuestarias, los repartos de poder en las instituciones o en el cierre de la negociación de algunos Tratados.

El fin de semana ha estado lleno de gestos inusuales. Conferencias de prensa en medio de las reuniones y no al final de ellas. Expresiones públicas de enemistad sorprendentes en Bruselas. La Unión Europea se ha dejado jirones en esta crisis y el lenguaje lo pone muy en evidencia. La lógica deudores-acreedores era desconocida dentro de los órganos e instituciones de la UE y sus… socios. Estremece leer al final de las declaraciones del Eurogrupo esta nota al pie: The statement is adopted by ministers from the euro area Member States, except Greece.

En medio de tanto gesto y de tan profundo desacuerdo, es importante ir a las fuentes directas de cada parte. Se puede leer la versión de la reunión que cuenta el Ministro Varoufakis en su blog, incluyendo el origen de su ausencia en la segunda parte del Eurogrupo. De manera inusual pero bienvenida, el Eurogrupo ha hecho pública su última oferta a Grecia.

Llueven los argumentos sobre el último episodio de esta crisis. Este fin de semana se podía leer a Habermas preguntándose por qué Merkel se equivoca con Grecia. Krugman se bajaba de la bicicleta para reforzar en el NYT sus posiciones contrarias al criterio del Eurogrupo. Y lo cierto es que la oposición al rigor de la propuesta de austeridad del Eurogrupo recibe pocos apoyos explícitos fuera de él. El think Tank Bruegel se acerca más a las posiciones griegas que a las del Eurogrupo. Y Lawrence Summers decía el sábado 20 en el Washington Post:

So, too, financial historians may look back at the next week and wonder how Europe’s financial unraveling was permitted.

Diplomacy fails and catastrophes happen when nations are preoccupied with their own concerns and do not consider the political needs of their counterparts, becoming convinced that their counterparts won’t take yes for an answer.

El contraste entre las propuestas del gobierno griego y las del Eurogrupo parece respaldar una notable ortodoxia en la propuesta de eso que llamamos “los acreedores” y confirmar la tesis de, imprescindible referencia en esta crisis, Paul de Grauwe en su último comentario para el CEPS sobre la obcecación del Eurogrupo por usar los mecanismos de solución para castigar a los países díscolos y prevenir el riesgo moral ante nuevos episodios.

No hay evidencias – ni se intentan presentar – de que reforzar las medidas de austeridad vaya a tener éxito sobre un país en profunda recesión. El plus de austeridad y el ajuste de las propuestas griegas por el Eurogrupo (más recorte en pensiones, menos productos con el IVA superreducido, menos subidas de impuestos) se explican por la desconfianza en el gobierno griego y su capacidad de gestionar las trasformaciones estructurales que demanda el Eurogrupo.

El Eurogrupo no afirma ni espera que estas medidas que propone corrijan las tendencias de la economía griega ni ponga las bases para asegurar el control de la deuda pública. Sus propuestas se basan en la promesa de futuros fondos, rescates y quitas siempre que Grecia cumpla forzando mayores sacrificios entre los griegos y demuestre un comportamiento ejemplar y el consiguiente arrepentimiento. Hay más de batalla política que de debate económico en esta crisis.

La letra pequeña de la UE está plagada de excepciones a las reglas y de flexibilidad en su aplicación. La normativa presupuestaria de la UE contiene un cheque británico que rompió la equidad de los procedimientos ante la conocida amenaza de Thatcher. La UE interpretó libremente el cumplimiento de las condiciones de convergencia a la hora de tomar la decisión que quien entraba y quién no. La UE permitió la contabilidad creativa de Francis y Alemania cuando eran incapaces de cumplir la condición del déficit en los primeros años del euro. ¿Sale que no en un referéndum? No problem, se hace otro retocando los tratados. ¿UK plantea alterar los principios y las normas sobre circulación de personas o promueve un referéndum para abandonar la UE? Tranquilidad, comprensión, cercanía.

Aunque claro, la variable Siryza es fundamental para explicar este momento. El desafío, quizás ingenuo y seguro que torpe, del gobierno griego es el elemento que explica la rígida posición de algunos países. Y el estupor de Dijsselbloem y los demás ministros ante la noticia del referéndum es la manifestación de irritación ante el desafío ideológico y político. Esa parece ser la frontera de lo inaceptable.

Ni siquiera en este cambio de época, los gobiernos de la UE son capaces de contemplar que la actitud de los ciudadanos  ante la gestión pública es distinta, ya sean conservadores o radicales. Puede que detrás del referéndum haya cálculos políticos pero en qué cabeza cabe hoy que un gobierno que gana las elecciones abanderando el rechazo a la austeridad, vuelva de Bruselas a casa un domingo presentando un cambalache. Si el trago es amargo, es bueno consultarlo. No parece irresponsable que además el gobierno de Tsipras ofrezca ejecutar las órdenes vía referéndum de sus ciudadanos, sean coincidentes o no con su planteamiento.

Pero el Tártaro es un abismo profundo y la caída en él de la UE no viene de este tropiezo griego. Europa se lanzó a él hace muchos años cuando en el diseño de la UE post ampliación, camuflada en el entusiasmo del fin de las dos Europas, ganó la opción de una Europa más amplia pero menos profunda. Y sobre todo, cuando la UE aprobó para esa Europa ampliada unas previsiones financieras 2000-2006 y 2007-2013 que limitaban el alcance y profundidad de las políticas. O quizás el tropiezo era anterior si los críticos de Maastricht tenían razón cuando presentaban el euro como un caballo de Troya del modelo neoliberal anglosajón.

En ese marco de sistemas complejos de toma de decisiones, de políticas sin fondos, de reformas a la baja, de crisis, se ha ido imponiendo el intergubernamentalismo y se debilitan los rasgos que hacen del modelo europeo de integración un extraordinario experimento de desarrollo regional entre países que han decidido defender sus intereses de forma conjunta bajo la inspiración de convertirse en un foco de bienestar para su ciudadanía y para la sociedad global. Es la UE la que necesita un rescate urgente.

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2 Comments on “El Euro en el Tártaro griego”

  1. Anonymous says:

    Buenísimo, Pedro
    José Juan Romero Rodríguez S.J.


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