Los ODS y el síndrome Busan

Por Pedro Caldentey

Es difícil criticar la reciente aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) porque fue una gran noticia siendo una confirmación explícita de unos incuestionables consensos globales sobre el desarrollo. Es una buena noticia además porque, como ha contado Cristina Narbona, su formulación es significativamente más rica y coherente que la que definieron los Objetivos del Milenio. Es verdad que pasar de los 8 objetivos y las 21 metas de los OdM a los 17 objetivos y 169 metas de los ODS anima al escepticismo. Y que eso nos enfrenta a la contradicción de acusar ahora de una excesiva complejidad a los ODS cuando reclamábamos a los OdM su mirada simplificadora sobre el desarrollo. Pero ¿será factible cumplirlos? ¿Sucumbirán a lo que podríamos llamar el síndrome Busan?

ODS

Uno de los escenarios de discusión y negociación más importantes de los últimos años fue el de la agenda sobre la eficacia de la ayuda que nos prometía un cambio progresivo pero radical en la forma de trabajar entre países desarrollados y en desarrollo. Las reuniones de París en 2005 y de Accra en 2008 generaron un valioso debate conceptual y algunas transformaciones. Uno de sus principales defectos fue su estadocentrismo y el espacio limitado que dejaba para los planteamientos de la sociedad civil en los procesos de apropiación y alineamiento. El foro de Busan en Corea del Sur en 2011 resolvió esa limitación, se abrió a actores privados, a la cooperación Sur-Sur y a la sociedad civil….y se dirigió tras ello al purgatorio de las agendas hermosas y olvidadas. Es verdad que el Global Partnership for Effective Development Co-operation mantiene el seguimiento de sus acuerdos pero la agenda languidece y las referencias en los buscadores de internet se hacen cada vez más antiguas. Los profesionales de la cooperación ya no hablan de la efectividad de la ayuda. Tampoco los de la sociedad civil y las ONGD. Es un síndrome que se repite. Cuando un acuerdo global entre Estados se abre a la participación y a las demandas de la sociedad civil, tiende a perder posición estratégica. O al revés, pierde posición estratégica y por eso se abre a las demandas de incorporar propuesta alternativas y más osadas. ¿Tienen los ODS el síndrome Busan?

Ojalá no. Pero es dificil no sumarse a las dudas expresadas por Gonzalo Fanjul en Planeta Futuro. En resumen, y apoyándose en el informe de ODI titulado Projecting progress:Reaching the SDGs by 2030, Fanjul sugiere que los gobiernos y los procesos de desarrollo deberían funcionar en una línea muy diferente a la actual – o contraria en algunos casos-  para asegurar “el despliegue de los 17 monumentales objetivos y sus 169 metas que se parecen más a una declaración poética de intenciones que a un compromiso firme por corregir los graves desequilibrios sociales y medioambientales del planeta”.

La capacidad de Naciones Unidas para impulsar los ODS es otra de las razones que abona el escepticismo como ha señalado Jesús Núñez  en su artículo  ONU si, pero no así en el blog del RI Elcano. Núñez echa de menos que en la nueva agenda para el 2030 no aparezcan las reformas asociadas a la capacidad ejecutiva del Consejo Económico y Social, a la modificación de la composición y funcionamiento del Consejo de Seguridad o a la reforma del funcionamiento de la Comisión de Derechos Humanos.

La falta de compromisos financieros en la Conferencia de Addis Abeba y la poca confianza en la disponibilidad de los países desarrollados a incrementar sus esfuerzos presupuestarios, se suman a la ausencia de compromisos vinculantes para hacernos dudar de las posibilidades de atender los desafíos que plantean los ODS. Lo recoge Kattya Cascante en el repaso a las luces y sombras de su memorandum OPEX sobre La nueva agenda de desarrollo para el 2030: financiación y sostenibilidad para la Fundación Alternativas.

Para señalar la falta de coherencia entre lo acordado y las políticas de los países llamados a impulsar los ODS, Kattya Cascante analiza también las posibles incongruencias entre la activa y positiva participación del gobierno español en el diseño de los ODS y sus políticas de desarrollo y cooperación.

Podría ser un ejemplo de Síndrome de Busan si la rica apertura al debate que ha tenido la posición española se debiera a la ausencia de posibilidades de dar después una respuesta coherente con los instrumentos de la cooperación. A analizar esas posibilidades, preguntándose si la cooperación española está lista para los desafíos que implican los ODS, dedicaron Beatriz Novales y Juan López Dóriga dos recientes y sugerentes artículos sobre Los ODS, una oportunidad de cambio para la cooperación española y sobre Las Lecciones aprendidas por la Cooperación Española.

Duele decirlo desde la coincidencia con lo que plantean los ODS. Hay que confiar en su valor como línea en el horizonte o ser optimistas al estilo de la TED de Michael Green y su Social Progress Index. Pero tanta poesia con tan poca prosa remite al Sindrome Busan.

@PedroCaldentey
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6 Comments on “Los ODS y el síndrome Busan”

  1. Anonymous says:

    ¡Muy bien! Abrazo José Juan Romero Rodríguez S.J.

  2. Christian F says:

    Hola Pedro: me parece una reflexión acertada, de hecho pensaba escribir algo en una linea similar. saludos

  3. Esther Cañizares says:

    Gracias por compartir tus reflexiones; un matiz, la poesía también puede expresarse en prosa…;)

    • Gracias Christian, gracias Esther. A propósito de poesía y prosa, hoy escriben Duncan Green y Takumo Yamada de Oxfam sobre qué hace falta para que los compromisos puedan ser cumplidos.

  4. Maria Helena says:

    Gracias Pedro, no se pudo haber planteado mejor. Tenía mucho tiempo sin querer leer nada sobre el tema por esa misma sensación, pero me he leído con gusto (y un poco de tristeza) tu escrito. Abrazos y que estés bien.

    • Hola María Helena. Me imagino tu sensación después de tu privilegiada implicación en la agenda de la eficacia. Da mala conciencia ser agorero pero este silencio post ODS suena igual que el de Busan. De repente no se oye nada…


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